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viernes, 27 de mayo de 2016

Eucariotas

Desde el miércoles 11 de este mes ando doblado, y creo que es de la risa. Y sin embargo no termino de entender por qué entonces ese rictus en la comisura de mis labios, que no acompaña al resto y sugiere una amargura enemiga del regocijo.
La causa de semejante estado de hilaridad incongruente no es otra que la lectura de una pieza leída en infolibre que da cuenta del comienzo de las reválidas en Castilla y León, Madrid, Galicia y La Rioja.  La noticia es en sí de lo más prescindible: una especie de brevísimo reportaje con manifestaciones bastante tópicas de profesorado al respecto. Mas, repentinamente, no puedo reprimir la carcajada y vuelvo aprisa a la cabecera del periódico para confirmar que se trata de una publicación de humor como otras que en ocasiones me han hecho picar y tomar por buena alguna barbaridad puesta en boca de políticos y otras celebridades, tal cual la que hace un año en Rokambol afirmaba que Wert había decretado que se añadiera a los ejercicios sobre ecuaciones de segundo grado la expresión “si dios quiere”.
Pues no, no es un montaje, no es una gracia del redactor, es algo bastante más serio y por eso me da tanta risa la cosa: una maestra se queja de que a sus alumnos de sexto de Primaria se les pregunta por la célula eucariota, y “no la han dado”. Habrá que creer a la colega, pero antes es conveniente pedirle que mire a ver si es que se ha saltado la lección y provoca un daño intelectual irreparable en esas criaturas con tan negligente olvido.
¡Nada menos que la celebre célula eucariota! Creí a pies juntillas que se trataba de un chiste porque las características de las células eucariotas es una de las preguntas de un examen (la décima, exactamente) que muchos profesores y profesoras conocemos muy bien desde que José Manuel Esteve y Julio Vera lo utilizaran hace años para demostrar lo absurdo e irracional de las enseñanzas que se imparten, y lo absurdo e irracional de la evaluación que se practica a lo largo de todo el sistema educativo. A la eucariota le acompañan otras cuestiones como el nombre de las células que producen los gametangios, la definición de la oración recíproca indirecta, los principales biomas terrestres, qué se consiguió con la paz de Augsburgo, y otros datos de indudable, inestimable y sobre todo incalculable valor para la formación humana integral de las personas. Desde que lo empleo con el mismo propósito en mis clases, ni uno solo de mis estudiantes ha “recordado” suficientes respuestas correctas para aprobar el examen, que sin embargo pregunta por “cosas” que efectivamente se han estudiado en algún momento. La inmensa mayoría de ellos no pasa del muy deficiente; incluso los que demuestran ser gente brillante, que los hay, palabra. Juraría que cuanto más brillantes son, más fácilmente han conseguido lastrar de basura sus cerebros olvidando semejantes anécdotas. Porque es que el saber sí ocupa lugar, sospechábamos muchos y ha descubierto no hace tanto la neurociencia.
¿Será que es tan importante saber eso de la eucariota y nos obstinamos en ignorarla? ¿Será que solo quienes estén familiarizados con ella tienen reservado un puesto en la gloria intelectual, a la diestra del ministro (de turno, a dios gracias)? Será mi propia estulticia que me obceca, pero me resisto a creerlo.
Hombre, no está mal que quienes deciden que hay que evaluar el sistema educativo a partir de los resultados de aprendizaje de los estudiantes partan de la base de que no pueden fiarse de los profesores. No es que yo esté de acuerdo, que desde luego que no, pero es un punto de partida para quienes después van a desarrollar todo un sistema de rendición de cuentas aparentemente independiente de la voluntad (floja, ya se sabe) e intención (mala, siempre mala) de los docentes. Pero hombre, si no se fían del profesorado, por lo menos que pongan al frente de la redacción de las pruebas a personas de las que los demás sí nos podamos fiar, gente que sea capaz de hacer preguntas con sentido que den la medida de lo que se estudia y se aprende de verdad en la escuela. Ah, claro, que no es fácil. Que es imposible, ya.
Y sin embargo, cualquier maestra, puesta al frente de tan absurda tarea, es capaz de hacer preguntas bastante más sensatas y ajustadas a lo que se espera que sus estudiantes deban haber aprendido.
¿Es mera incompetencia o hay toda una legión de tontos útiles, cada uno en un frente, sirviendo a una estrategia global bien urdida de acoso y derribo de la educación?

Publicado el 26 de mayo de 2016 en Periódico Escuela



jueves, 19 de febrero de 2015

La evaluación mina los pilares de la educación

La noticia de que el ministro de Educación francés ha anunciado la creación de una comisión encargada de reformar el sistema de evaluación escolar, y algunas declaraciones recogidas al respecto por la prensa, me invitan a redactar este artículo acudiendo a argumentos que ya tienen sus años aunque siguen siendo de una actualidad tan rabiosa que ofende: a despecho de las sucesivas reformas del sistema educativo español, de la sustitución de paradigmas y de la consecuente distinta consideración del currículo escolar; a pesar de la irrupción de lenguajes pedagógicos rápidamente convertidos en clichés, en estereotipos vacíos de contenido; aunque estrategias metodológicas como el Aprendizaje Basado en Proyectos y las tecnologías de información y comunicación aparentemente hayan empezado a salpicar de innovación aquí y allá las aulas… ni los planteamientos teórico-legislativos ni la práctica de la evaluación han sufrido modificaciones realmente sustanciales en los últimos 30 años, excepto con la LOMCE, que, nadando a contracorriente de la evolución de la psicopedagogía pero a favor de la práctica rutinizada y del imaginario popular, nos devuelve a tiempos pretéritos.
No tengo ni idea de en qué desembocará la iniciativa francesa, ni estoy seguro de que vaya bien dirigida desde el principio, ni sé si se atreverá a desterrar las calificaciones de las etapas obligatorias del sistema educativo, como creo que es justo y necesario. Pero indica una evolución, o al menos una inquietud de los políticos encargados de la educación, en un sentido que contrasta fuertemente con el rumbo que ha tomado la política educativa española de la mano del señor Wert.
El ministro francés ha dicho que actualmente su sistema de evaluación subraya las lagunas y los fracasos de los alumnos, ha recomendado un cambio que evite la estigmatización y sirva para frenar la deserción escolar, y ha pedido que se empiece a pensar en la evaluación como herramienta puesta al servicio del aprendizaje. Declaraciones tan sucintas dan sin embargo idea de una sensibilidad proclive a la defensa de los tres pilares fundamentales de la educación contemporánea: la obligatoriedad, la comprensividad y la diversidad, justo los que, a la chita callando, están siendo minados subrepticiamente con cada nueva Ley, con cada nueva Orden.
No debería olvidarse algo que, por obvio, a veces se pierde de vista: para los estudiantes es obligatorio asistir a la escuela. No tiene nada de extraño, entonces, que algunos no quieran estar en ella o no acudan de buen grado. Y no parece razonable exigir a alguien que está obligado a hacer algo que lo haga además con gusto. Aquí la motivación se le supone al estudiante, como el valor al soldado. Pero la educación, además de obligatoria, es un derecho de los ciudadanos. Por eso la responsabilidad de encontrar la forma de interesar al estudiante que va a la escuela por obligación corresponde a la escuela, mostrándole la necesidad y la utilidad del acceso a una formación con sentido y a una cultura básica. Es tramposo obligarles a asistir, ofrecerles a todos la misma formación y someterlos a un sistema de calificaciones y descalificaciones que los clasifica y selecciona, ahora culpando a los propios alumnos de su fracaso: si la escuela es para todos y a todos se les ofrece lo mismo, que tengan éxito o fallen se deberá sin duda a ellos mismos, a su capacidad, a su esfuerzo, y no a lo que las escuelas ofrecen. En otras palabras, la evaluación se convierte en la herramienta perfecta para poner pronto a cada cual en su sitio, transformando un sistema nominalmente comprensivo en otro, de hecho, selectivo. Y está más que probado que la procedencia social y cultural de los estudiantes está íntimamente relacionada con el aprovechamiento escolar, de modo que acabaremos negando la labor compensatoria de la escuela, puesto que tendrán éxito en mayor medida quienes menos necesitan del esfuerzo de la educación y fracasarán quienes por su procedencia precisan más esa ayuda.
Francia está cuestionando su sistema de evaluación en un momento en que en nuestro país, con desprecio absoluto por las teoría y las investigaciones psicopedagógicas, las normas consolidan un regreso a prácticas segregadoras por medio de evaluaciones externas cuyos referentes son los estándares de aprendizaje, a su vez redactados a partir de los contenidos y no de las competencias, cuyo discurso, todavía sin ser bien comprendido, mucho menos practicado, paradójicamente ya empieza a estar pasado de moda porque, como afirma Antonio Bolívar en blogcanaleducacion.es (¿evaluación por competencias clave o por estándares?), queda relegado a la retórica. La memorización y la repetición, que nunca dejaron de ser protagonistas, no nos engañemos, regresan al escenario en olor de multitud. Volvemos a elevar a categoría de organizador sociológico legítimo el estéril esfuerzo por medir el aprendizaje.
Publicado en Periódico Escuela nº 4050, 19 de febrero de 2015

martes, 4 de diciembre de 2012


El autor de este blog está en contra de la ley Wert de Educación (LOMCE)
Si tú también estás en contra de esta ley, puedes firmar aquí
stopleywert

Más información sobre la LOMCE:
12 Razones para decir No a la LOMCE (por Jurjo Torres Santomé) vía @YoEpublica.
Una Escuela “Low Cost” (por Francisco Imbernón)

viernes, 19 de octubre de 2012

Ignorancias u olvidos que consienten la reforma

Acaba de nacer blogcanaleducacion auspiciado por la Editorial Wolters Kluwer.
Esta es mi contribución al apartado Innovación:



La LOMCE es una ley segregadora y excluyente, sin duda. Pero seamos sinceros: la evaluación para excluir y segregar que se propone ahora viene a sancionar buena parte de la práctica docente habitual. Y las reválidas cumplen los sueños de muchos.


jueves, 11 de octubre de 2012

Ideología, naturalmente

Publicado en Escuela el 4 de octubre de 2012


Estoy sorprendido por el empeño que se está poniendo en tachar de ideológica a la LOMCE, y más sorprendido aún, perplejo casi, por la tenaz defensa del ministro, que insiste en que de ninguna manera lo es. 

Me asombra que pueda discutirse que el modelo de sistema educativo responde siempre a parámetros ideológicos. Como debe ser, ya que se trata de un posicionamiento activo respecto de cuestiones de índole social, política y económica que afectan a todos. Que Wert insista en que no se trata de ideología sólo puede interpretarse como un intento de presentar la reforma como un ajuste técnico necesario, lo cual es un argumento conveniente para esa parte de la población que se complace en creerse desideologizada. Por abordar de momento sólo uno de los aspectos de la propuesta, lo que se dirime con las resucitadas reválidas no es un mero asunto técnico, porque una ley de educación ha de reflejar la aspiración a redistribuir el capital cultural de las familias facilitando la promoción social o, por el contrario, a mantenerlo y reforzarlo en clases diferenciadas. Sociales, claro. 

Las reválidas no buscan precisamente mejorar los resultados de los estudiantes, sino excluir pronto a quienes más lo necesitan. Orientar el sistema educativo exclusivamente a la preparación laboral de los jóvenes para competir en el mercado tiene apariencia de propuesta razonable y neutra, pero encubre la ideología de quienes desean seleccionar a unos pocos a costa de condenar a muchos a vías de segunda, responsabilizándoles a ellos y a sus familias de su rendimiento olvidando la relación que existe entre el éxito académico y el nivel sociocultural de partida. 

Un auténtico interés por la formación para el trabajo no ignoraría la necesidad de innovar e investigar como parte imprescindible de las capacidades profesionales. Y el peso de la permanente evaluación dirigida a comprobar resultados va a marcar seriamente las posibilidades de innovar y experimentar, el único modo de dejar atrás el modelo educativo trasnochado que padecemos y convertirlo en el que parece que todos reclamamos, aunque desde posiciones distintas. Ideológicas, naturalmente.






miércoles, 19 de septiembre de 2012

Verán ustedes

Publicado en Escuela en septiembre de 2012


No quisiera parecer desagradecido, pero ya me podía haber invitado Escuela a estrenarme en esta columna en otro momento más facilón. Y no es que corran tiempos calmos: asuntos de actualidad sobran porque anda el patio revuelto. Pero no es fácil abordar ninguno y ser original ni en los planteamientos ni en los contenidos. Dense si no una vuelta por Twitter o Facebook y verán.

Verán que se habla del controvertido privilegio de que gozamos los funcionarios, de los recortes salariales y del aumento de las horas de trabajo pero con más alumnos por grupo y la necesidad de atender a todos según sus necesidades, que eso no ha cambiado. O quizás sí ha cambiado y esa es la novedad. 

Verán también que disminuye el número de docentes en la pública mientras sube en la privada. Y crece el beneficio de esta última, que no sé si tendrá que ver con lo primero. Lo que sí sé es que tanto la pública como la concertada las pagamos todos, pero no percibimos los réditos de la segunda.

Verán que se discute la LOMCE, que se analizan las reválidas de Wert y lo que tienen de regreso al pasado, de simplificar la meritocracia escolar pero a costa de revitalizar los méritos de cuna y rebajar las expectativas de promoción social de los menos favorecidos. 

Verán que se debate la nueva orientación de la educación para la ciudadanía, que excluye de sus contenidos precisamente aquellos que mejor definen lo que es ser ciudadano, los relacionados con aprender a intervenir, moralmente en paz con uno mismo, en los asuntos de la convivencia en una sociedad cada día más diversa y compleja.

Verán, en fin, que se escribe sobre el cheque escolar, la merma de las tutorías, el bachillerato de pago, el fin de la escuela 2.0, el ocaso de la formación permanente, las fiambreras a 3 euros en concepto de desgaste de comedor, una universidad más cara y selectiva pero no mejor ni más selecta, unas becas con devolución programada. Y de fondo el desprestigio de lo público, de lo de todos pagado con el dinero de todos para asegurar y proteger el beneficio de muy pocos.
Aunque el curso asoma convulso, confieso que no sé exactamente qué decir ni sobre qué. Puede que el mes que viene.