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miércoles, 13 de marzo de 2013

Desmotivados con motivos

La noticia que repiten periódicos y televisiones una semana antes de que ustedes puedan leer esta columna es que la docente es una de las profesiones mejor consideradas por la sociedad española. No deja de tener su misterio, porque también es una de las menos prestigiosas, ya que pocas personas recomendarían esa opción laboral a hijos o buenos amigos. Lo que viene a decir que tiene mucho mérito dedicarse a menester tan elevado pero de magro rendimiento.
Según el medio que amplifique los resultados del estudio del CIS, varía la explicación de semejante paradójico estado de la cuestión, pero observo una alta coincidencia en poner de relieve la desmotivación del profesorado debido a su creciente falta de autoridad.
El profesorado, parece, no está desmotivado porque a mi amiga Lola le vaya a costar 510€ la baja por neumonía, no; ni porque como funcionarios los docentes estemos sujetos a la permanente presunción de vagancia, no; ni porque debamos someternos una vez más al capricho de una reforma sin haber sido consultados antes u oídos durante, no; ni porque los exámenes externos anunciados y reválidas previstas exuden una absoluta y desleal desconfianza en nuestra competencia, no; ni porque debamos atender a más alumnos por grupo, dar más horas de clase, impartir materias de las que no somos especialistas y contar con menos apoyos, no. Es que los alumnos nos faltan al respeto y andamos necesitados de una investidura de autoridad, como si para ello bastara tocarse con gorra de plato.
Las encuestas sólo encuentran de entre lo que buscan, y la prensa selecciona lo que conviene para crear opinión. Curiosamente, las causas de la desmotivación del profesorado cuadran bien con añejas aspiraciones de profesionalización de la función directiva que la asemeje a la gestión empresarial y con más recientes pero no menos rancias propuestas de judicialización de la vida de los centros. No es esa la autoridad que se gana el respeto de los estudiantes, ni renueva las ilusiones del docente que las ha perdido. Mejor sería no ahondar tanto en la búsqueda y prestar oídos al clamor que se eleva ya de tantas voces.
Publicado en Periódico Escuela. Marzo de 2013.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Una ley sin vocación de futuro



Una de las cosas más seguras que pueden decirse de la LOMCE (Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa) es que se trata de una ley sin vocación de futuro. Si llega a aprobarse en los términos en que se plantea su anteproyecto, durará exactamente lo que tarde el partido del gobierno en ser relevado por otro, como desgraciadamente viene sucediendo desde siempre en este país. Una vez más, se pierde la oportunidad de hacer una ley de educación duradera con el acuerdo y el respeto de todos. Muy al contrario, la propuesta de reforma de la educación está cosechando duras críticas procedentes de todos los sectores: profesores y alumnos desde luego, pero también científicos, académicos, artistas, intelectuales y en general personas del mundo de la cultura. La LOMCE cuenta en su haber con el dudoso honor de haber sido rechazada hasta por las asociaciones de padres y madres, que salieron a la calle a manifestarse en su contra, cosa que nunca antes había ocurrido.

Nada de eso parece importar. El Gobierno, confundiendo la mayoría en el Congreso con la legitimidad de hacer lo que le parezca aun en contra de la voluntad de muchos, ni ha sometido a debate ni ha negociado una ley de reforma que va a modificar profundamente el sistema educativo actual. Por si fuera poco, no viene acompañada de un análisis riguroso que identifique los problemas y trate de explicar por qué las medidas que se van a tomar son las más oportunas para enfrentarlos. La falta de argumentos científicos y de razones psicológicas, sociológicas, pedagógicas, e incluso económicas, impide saber cuáles son las fuentes, distintas de la mera ideología ultraconservadora, en las que bebe el señor ministro. No hay manera de comprender qué teorías, corrientes, escuelas o tendencias afirman que hay unas materias más importantes que otras para el desarrollo intelectual y social de las personas, ni cuáles aconsejan reducir hasta su mínima expresión la presencia de las Humanidades o las Artes en el currículum escolar. Desde luego, no se entiende qué razones, insisto, fuera de las puramente ideológicas, avalan el fortalecimiento de la enseñanza de la religión católica mientras se destierran los contenidos de la Educación para la Ciudadanía, que aborda precisamente aquellos “temas conflictivos” –según expresión del propio ministro– que están relacionados con aprender a convivir, moralmente en paz con uno mismo, en una sociedad cada día más compleja y diversa.

Tampoco se conoce la rama de la psicología que afirma que se aprende más ni mejor a fuerza de hacer exámenes, ni la de la sociología que defiende que segregando pronto a los jóvenes se reduce el fracaso escolar o se obtiene una sociedad más robusta y sana. Y sin embargo, esto es lo que la LOMCE propone: un regreso que creíamos ya imposible a los años sesenta del siglo pasado para encontrarnos de nuevo con las reválidas y, con ellas, con la separación a edades tempranas de los estudiantes en ramas profesional y académica, en itinerarios derechos al mundo del trabajo o del estudio, ignorando que esa es una elección que debería hacerse una vez adquirida una sólida formación general y olvidando que hay una estrecha relación entre el éxito académico y el entorno familiar del que se procede. Los pobres y los menos favorecidos no son menos aptos, pero sus posibilidades de promoción social se verán disminuidas aún más porque sus entornos familiares y sociales no les pueden proporcionar el acceso a la cultura ni los estímulos académicos e intelectuales necesarios, y ahora ya la escuela tampoco intentará por mucho tiempo compensar esa desigualdad de origen. Las medidas propuestas por la reforma Wert van claramente encaminadas a excluir cuanto antes del sistema escolar precisamente a quienes más necesitan de la escuela, y a formar a los niños y a los jóvenes expresamente para la competitividad y no para la cooperación. La lucha contra el fracaso y el abandono escolar es una pose retórica. Lo que parece que se persigue con claridad es la jerarquización social ya desde la escuela.

Solamente el empeño en ratificar las querencias ideológicas ultraconservadoras puede justificar que se intente rebajar el fracaso escolar eliminado del sistema a quienes fracasen, para que no cuenten. Solo esa fijación puede explicar el fortalecimiento de la enseñanza concertada y privada. Únicamente desde esa atalaya se puede entender la desconfianza hacia el profesorado que tanta reválida, tanto centralismo y tanta cerrazón curricular demuestran.

La Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa es una ley sin justificación, ultraconservadora y segregadora. Una ley que avanza un paso más –éste de gigante– en el desmantelamiento de la Escuela Pública. 

Publicado en Diario Sur de Málaga el domingo 9 de diciembre de 2012.



martes, 4 de diciembre de 2012


El autor de este blog está en contra de la ley Wert de Educación (LOMCE)
Si tú también estás en contra de esta ley, puedes firmar aquí
stopleywert

Más información sobre la LOMCE:
12 Razones para decir No a la LOMCE (por Jurjo Torres Santomé) vía @YoEpublica.
Una Escuela “Low Cost” (por Francisco Imbernón)

jueves, 11 de octubre de 2012

Ideología, naturalmente

Publicado en Escuela el 4 de octubre de 2012


Estoy sorprendido por el empeño que se está poniendo en tachar de ideológica a la LOMCE, y más sorprendido aún, perplejo casi, por la tenaz defensa del ministro, que insiste en que de ninguna manera lo es. 

Me asombra que pueda discutirse que el modelo de sistema educativo responde siempre a parámetros ideológicos. Como debe ser, ya que se trata de un posicionamiento activo respecto de cuestiones de índole social, política y económica que afectan a todos. Que Wert insista en que no se trata de ideología sólo puede interpretarse como un intento de presentar la reforma como un ajuste técnico necesario, lo cual es un argumento conveniente para esa parte de la población que se complace en creerse desideologizada. Por abordar de momento sólo uno de los aspectos de la propuesta, lo que se dirime con las resucitadas reválidas no es un mero asunto técnico, porque una ley de educación ha de reflejar la aspiración a redistribuir el capital cultural de las familias facilitando la promoción social o, por el contrario, a mantenerlo y reforzarlo en clases diferenciadas. Sociales, claro. 

Las reválidas no buscan precisamente mejorar los resultados de los estudiantes, sino excluir pronto a quienes más lo necesitan. Orientar el sistema educativo exclusivamente a la preparación laboral de los jóvenes para competir en el mercado tiene apariencia de propuesta razonable y neutra, pero encubre la ideología de quienes desean seleccionar a unos pocos a costa de condenar a muchos a vías de segunda, responsabilizándoles a ellos y a sus familias de su rendimiento olvidando la relación que existe entre el éxito académico y el nivel sociocultural de partida. 

Un auténtico interés por la formación para el trabajo no ignoraría la necesidad de innovar e investigar como parte imprescindible de las capacidades profesionales. Y el peso de la permanente evaluación dirigida a comprobar resultados va a marcar seriamente las posibilidades de innovar y experimentar, el único modo de dejar atrás el modelo educativo trasnochado que padecemos y convertirlo en el que parece que todos reclamamos, aunque desde posiciones distintas. Ideológicas, naturalmente.






miércoles, 19 de septiembre de 2012

Verán ustedes

Publicado en Escuela en septiembre de 2012


No quisiera parecer desagradecido, pero ya me podía haber invitado Escuela a estrenarme en esta columna en otro momento más facilón. Y no es que corran tiempos calmos: asuntos de actualidad sobran porque anda el patio revuelto. Pero no es fácil abordar ninguno y ser original ni en los planteamientos ni en los contenidos. Dense si no una vuelta por Twitter o Facebook y verán.

Verán que se habla del controvertido privilegio de que gozamos los funcionarios, de los recortes salariales y del aumento de las horas de trabajo pero con más alumnos por grupo y la necesidad de atender a todos según sus necesidades, que eso no ha cambiado. O quizás sí ha cambiado y esa es la novedad. 

Verán también que disminuye el número de docentes en la pública mientras sube en la privada. Y crece el beneficio de esta última, que no sé si tendrá que ver con lo primero. Lo que sí sé es que tanto la pública como la concertada las pagamos todos, pero no percibimos los réditos de la segunda.

Verán que se discute la LOMCE, que se analizan las reválidas de Wert y lo que tienen de regreso al pasado, de simplificar la meritocracia escolar pero a costa de revitalizar los méritos de cuna y rebajar las expectativas de promoción social de los menos favorecidos. 

Verán que se debate la nueva orientación de la educación para la ciudadanía, que excluye de sus contenidos precisamente aquellos que mejor definen lo que es ser ciudadano, los relacionados con aprender a intervenir, moralmente en paz con uno mismo, en los asuntos de la convivencia en una sociedad cada día más diversa y compleja.

Verán, en fin, que se escribe sobre el cheque escolar, la merma de las tutorías, el bachillerato de pago, el fin de la escuela 2.0, el ocaso de la formación permanente, las fiambreras a 3 euros en concepto de desgaste de comedor, una universidad más cara y selectiva pero no mejor ni más selecta, unas becas con devolución programada. Y de fondo el desprestigio de lo público, de lo de todos pagado con el dinero de todos para asegurar y proteger el beneficio de muy pocos.
Aunque el curso asoma convulso, confieso que no sé exactamente qué decir ni sobre qué. Puede que el mes que viene.

miércoles, 8 de agosto de 2012

El cheque escolar y otras propuestas para debate

Ayer, en Twitter, califiqué de simples algunas de las propuestas para un plan de gobierno de UPyD en Andalucía sobre el cheque escolar. Como quiera que mi amigo @benigp intervino en la conversación desvelando que colabora en la elaboración y discusión de esas propuestas y a mí pergeñar un discurso medio sensato a golpes de 140 caracteres no se me da nada bien, y además Benito es una persona a la que aprecio y respeto personal y profesionalmente y no quisiera desairarlo permitiéndole creer que no me tomo en serio su compromiso y su actividad docente y política, hoy he dedicado un rato a escribir algunas ideas sobre el cheque en particular y sobre el documento que recoge las propuestas para debate en general.    

Seguramente la idea del cheque escolar no está todo lo desarrollada que debiera, y no es suficiente decir que se trata de propuestas para debatir, porque éstas, cuando se abren al público, deben haber pasado un primer tamiz serio, profundo y riguroso para impedir que cualquiera proponga la primera patochada que se le ocurra en nombre de una organización que debe velar por su imagen pública. Me siguen pareciendo simples las propuestas una vez leídas con más detenimiento. Puede que no se hayan hecho todas las preguntas pertinentes antes de lanzar una idea tan compleja, porque a mí se me ocurren bastantes, así, a vuelapluma:  

¿A todos los estudiantes se les da un cheque con el mismo importe? ¿Cuesta lo mismo un puesto escolar en un pueblo de una sola escuela que en Málaga capital, pongamos por caso? ¿Incluirá, como se propone, el precio de un ordenador por estudiante? ¿Otra vez para todos los estudiantes? ¿Qué hay de la cualificación de los entornos para poder acceder a los servicios privados de red? ¿Y qué capacidad de elección tiene el padre del pueblo? ¿Y el de Málaga? ¿Incluirá el cheque los costes de desplazamiento para poder acudir al centro preferido, o eso correrá por cuenta del bolsillo de quienes hagan la elección? ¿Y los costes asociados a la cantidad de actividades extras que ofertarán algunos, como hace hoy la concertada, estarán incluidos en el monto del cheque, o cuando la propuesta dice que los centros privados "tendrán que asumir la diferencia económica resultante entre el costo real de la enseñanza privada y el valor del cheque escolar" se refiere a la enseñanza enseñanza, o sea, a la tarea de "impartir conocimientos, explorar los talentos del educando y formarlos como ciudadanos", o incluye a la oferta completa de actividades del centro, hasta hoy de riguroso pago porque no se considera enseñanza enseñanza? ¿Llevará el cheque en el reverso escritas en letra pequeña algunas cláusulas para que las familias sepan cuándo autoexcluirse de sus preferencias, o de eso se encargarán los centros para mantener la capacidad de competencia con otros?

Las panaderías son un servicio público, pero no es necesario que sea estatal porque las organiza y regula la iniciativa privada a través de la oferta y la demanda. ¿Es eso lo que se propone, que la oferta educativa se someta también a las leyes del mercado? ¿La competencia será la que emane de alguna idea de calidad educativa, o la que se desprenda de la demanda? ¿Qué capacidad de demanda tienen las clases populares, las familias poco interesadas en la educación, las que preferirían mandar a sus hijos a trabajar cuanto antes aun a costa de la formación básica que se requiere para ser hoy un ciudadano culto, autónomo, crítico, independiente, etc., que son calificativos que por cierto no aparecen entre las propuestas para el debate? ¿Qué demanda generarán esas familias? ¿Qué competencia podrán hacer esos centros? ¿Cuánto tiempo tardarán en ser centros para los menos brillantes, los menos interesados, los menos favorecidos, los menos cultos, los más pobres?¿Cuántos colegios privados se instalarán en poblaciones pequeñas, en barrios deprimidos, en contextos de profunda diversidad étnica, cultural, económica, religiosa... por efecto de la demanda? ¿O está prevista una red dual de centros públicos para que se hagan competencia y garantizar que haya posibilidades de elección?

Y ya que estamos, puesto que se insiste en distinguir entre lo que es programa y aquello que no son más que propuestas para debatir, dedicaré unos párrafos a estas últimas. No es casual ni inocente proponer para debate unos temas y no otros, ni lo es el sentido en que se presentan los temas. Se me antoja que afirmar, como parte del diagnóstico de la situación de la educación actual en Andalucía, que "La violencia, la indisciplina y el adocenamiento han adquirido carta de ciudad (sic) en las escuelas andaluzas, despreciando y destruyendo todo lo que connote autoridad, excelencia, trabajo, esfuerzo, disciplina y conocimiento" es un punto de partida que desde luego no comparto pero que no permite otro debate que no sea el que esté perfectamente enmarcado dentro de los límites de la sentencia inicial. Proceder de otro modo no sería debatir ese asunto, sino negar la mayor y proponer una enmienda a la totalidad. Serán los simpatizantes de UPyD quienes lo hagan, supongo, porque quienes han redactado esa frase son ellos y quienes no simpatizamos con la afirmación no simpatizamos tampoco con el programa de política educativa de UPyD. Para eso están las declaraciones políticas, para ganar adeptos o perderlos.

Trataré de explicarme un poco mejor. Yo también creo firmemente en "... una enseñanza pública laica. No confesional, pero de ninguna manera enemiga de la religión". Y por eso quizás me animaría a debatir sobre el mejor modo de organizar la oferta pública para respetar esa creencia básica y fundamentante, y sobre qué hay que entender exactamente por una enseñanza no enemiga de la religión, no vaya a resultar un cajón de sastre para admitir componendas para casos particulares. Pero si fuera un defensor de la enseñanza privada religiosa no seguiría leyendo, o lo haría para estar mejor informado acerca de a quiénes no voy a apoyar, pero desde luego no trataría de intervenir en un debate programático que tiene como punto de partida planteamientos opuestos a los míos. Mejor me sumaría a las críticas para desmontar su programa y ganar adeptos a mi causa cuando llegase el momento.

Más de lo mismo en cuanto a las propuestas educativas "para debatir": "Para restaurar la disciplina y la autoridad en las escuelas públicas, UPyD propone equiparar al cuerpo de profesores con los profesionales de la sanidad y de las fuerzas policiales, de modo que los agresores -padres o alumnos- carguen con las consecuencias penales de sus agresiones. Asimismo, UPyD propone que los estudiantes que resulten desaprobados en un mínimo de dos materias repitan de curso automáticamente, y que los alumnos que repitan dos veces de curso en un mismo centro, sean expulsados". Al margen de la idea de que parece necesario legislar para endurecer los castigos de quienes agredieren a un docente, me llama la atención el interesante uso de la palabra "desaprobados" en lugar de "suspensos". Interesante también la idea de hacer repetir de curso a los alumnos y más aún la de expulsarlos del centro si repiten dos veces. No termino de ver en la propuesta adónde irían a parar los expulsados. ¿Tal vez a algún otro colegio elegido por los padres gracias a su cheque escolar? Porque es de suponer que uno con su cheque va a donde quiera. ¿O serán los centros los que decidan a qué alumnos admiten? Según y como, esta propuesta puede dejar sin contenido la más general y blandengue de las reválidas de Wert.

La obsesión con la autoridad del profesor, el esfuerzo, la excelencia y la disciplina en las propuestas, y el hecho de que ni una sola vez aparezcan las ideas de innovación, experimentación, formación, cultura profesional, liderazgo pedagógico... entre otras, me permiten ver con claridad meridiana que no éste el documento de propuestas en el que yo tengo interés en debatir nada.

miércoles, 25 de julio de 2012

Retrato impresionista de un curso de verano

No es fácil para el director de un curso difundir sus propias valoraciones acerca del mismo, y no porque al ser parte interesada sus juicios inevitablemente estén contaminados, que todos lo están, sino porque con razón podría atribuírsele petulancia, soberbia o vanidad en unos casos o, en otros, derrotismo, insatisfacción crónica y también arrogancia, petulancia, soberbia o vanidad. Pero creo que, comprometido con la educación de calidad y recientemente sumado a esta beneficiosa práctica de publicar de vez en cuando en un blog para ofrecerlo a quien quiera leerlo, es obligado que lo haga. Es uno de los efectos colaterales de la explosión de los medios de información y comunicación: estando fácilmente a tu alcance expresarte para el público, a veces resulta difícil sustraerse a ello y, además, injustificado en algunos casos.

Por si a estas alturas ya hay quien ha sopesado la lectura y decidido que no llegará al final, empezaré por ahí, por la valoración última: me quedo con impresiones, con sensaciones, y en la balanza pesan mucho más las que me hacen feliz. 

No quisiera hacer un balance del curso a la manera en que los contables registran los asientos en el debe y el haber; no quiero, y no sé, ponerle nota ni a las intervenciones ni al valor que pueden haber tenido con respecto a la formación profesional de asistentes y ponentes; no es preciso que relate los acontecimientos, porque eso ya lo ha hecho magistralmente Salva Barrientos en su blog "Educar en tiempos inciertos" , donde en sólo cuatro breves posts consigue una magnífica crónica y un juicio crítico que recomiendo sin reservas.

Me contentaré con comentar algunos aspectos que se me antojan de especial interés para hacerse una idea de cómo me parece que ha resultado todo. El primero es la extraordinaria –en sentido literal– respuesta por parte de los asistentes, reflejada en el elevado número de personas matriculadas. 

Ya se sabe que el crédito ECTS que la universidad da a cambio de asistir al curso es un buen señuelo, pero no es menos cierto que ese trueque está disponible para todos los cursos programados, y no sólo para los que organiza la UMA. Ni tampoco que aproximadamente el 50% de los asistentes no podían beneficiarse de ese crédito al no ser estudiantes de Grado sino docentes en activo en todos los niveles del sistema, incluida aunque escasamente representada, la universidad.




En este caso, la elevada asistencia se me antoja que no puede significar más que la respuesta entusiasta a un programa confeccionado con la participación de algunas de las personas más interesantes en su campo en este momento, junto con la elección de algunos de los temas más actuales. Qué duda cabe que la reunión en una semana de Ángel Pérez, Mariano Fernández Enguita, Jordi Adell, Ramón Barlam, Fernando Trujillo, Fernando García Páez, Kiko Murillo, Sebastián Rodríguez, Juan Rafael Fernández, Agustín Rodríguez y José Gimeno es un atractivo indudable para quienes estamos convencidos de que los análisis serios, rigurosos y profundos son absolutamente imprescindibles para iluminar ángulos oscuros, enriquecer los debates y alimentar pensamiento y acción, y de que no es un mito que existen experiencias punteras, innovadoras, viables, llevadas a cabo con sus luces y sus sombras por docentes como nosotros, en las mismas condiciones que los demás padecemos y con estudiantes como los nuestros. No están todos los que son, desde luego; pero sí son todos los que están.

Pero hay más: el tema del curso resulta añejo y retador al mismo tiempo. Innovación y Educación de Calidad no es precisamente un título novedoso, pero siempre es actual. Lo mismo puede decirse sobre el subtítulo, los apellidos: "metodologías y recursos para la enseñanza en el siglo XXI". Al número del siglo ya nos vamos acostumbrando quienes tenemos sobrada experiencia en el anterior, pero el resto de la frase no es sospechosa de originalidad ni siquiera para los más jóvenes, aunque ni pasa ni pasará de moda. Con gusto me comprometo a reeditarlo para el siglo XXII, para el XXIII... sólo por demostrar que a los cambios de los tiempos les acompaña siempre, ineluctablemente, la búsqueda de mejores modos de trabajar con la información y hacer que quienes se educan lo hagan mejor y más razonablemente.
En el programa subyace una dinámica nada oculta que intenta ofrecer reflexiones teóricas junto con ejemplificaciones prácticas relacionadas, y un debate final entre los protagonistas y con el público. Pero de este aspecto me ocuparé más adelante porque es uno de los que debo registrar en el platillo de la balanza que sopesa los errores.

Todo lo anterior explica, a mi juicio, gran parte del éxito de asistencia y, seguramente, ya que el programa se ha desarrollado fielmente salvo escasas desviaciones sin importancia, también explica las buenas opiniones de los participantes recogidas durante y al final del curso. Sin embargo, es de justicia admitir que ni el planteamiento de los temas ni la elección de los ponentes hubiera tenido tan excelente acogida si no fuera porque el colectivo de los asistentes, tan variopinto, tan diverso, tan heterogéneo, a fin de cuentas comparte una característica que hace unión y es fuerza: es un grupo de soñadores sin remedio que con la que está cayendo y el horizonte lleno de grises y amenazantes nubarrones no encuentra nada mejor que hacer que dedicar cinco días del mes de julio a escuchar propuestas teóricas difícilmente realizables sin el apoyo de una Administración interesada en ellas, y prácticas innovadoras en franco peligro de extinción. Extinción deseada, sugerida, alentada, programa y, si llega el caso, ejecutada, por un gobierno insensible a las exigencias educativas de los tiempos y a las necesidades materiales y espirituales de quienes nos sucederán. El compromiso profesional de este colectivo al que pertenecemos desmiente con ejemplos como éste la sesgada visión funcionarial que interesadamente se presenta en sociedad para desacreditar al profesorado. Y de paso, a la educación pública.  

Otro aspecto que deseo comentar se refiere a algunas de las características organizativas. En un curso en el que los contenidos sobre el uso de las TIC son coprotagonistas, es una contrariedad colosal que no haya internet salvo en el ordenador del ponente. Eso ha impedido que se retransmitieran en directo las ponencias, aunque las conexiones 3G han permitido que twitter fuera testigo y portavoz de ellas a través de sentencias que, he de decirlo, me han parecido acertadas y bien seleccionadas. Fieles,  casi siempre.  

Hemos suplido como hemos podido mi falta de pericia y de previsión por la generosidad de mis queridos Manuel Fernández Navas y Noelia Alcaraz Salarirche, docentes universitarios innovadores en toda regla, que con una camarita doméstica, grandes dosis de tesón y paciencia y mucha fatiga han grabado en vídeo todas las sesiones y han conseguido subir a youtube un producto muy digno como testimonio aunque manifiestamente mejorable en sus aspectos técnicos. 

El horario no ha sido el adecuado. Esto no admite medias tintas. Y no lo ha sido tanto por lo que incluía como por lo mucho que dejaba fuera. Lo que los módulos han permitido ha sido fundamentalmente transmisivo y acelerado, con muchos contenidos tanto conceptuales como procedimentales y con innumerables cuestiones controvertidas sobre las que valía la pena pedir aclaraciones o discutir, y para eso no hemos tenido suficiente tiempo ni el necesario reposo... después de cada conferencia. Quienquiera que lea estas líneas y no haya asistido al curso puede hacerse una idea equivocada, de modo que insistiré: cada día hemos tenido dos horas para una mesa redonda en la que sí que se ha producido el debate, como siempre ocurre, más intenso e interesante a medida que se acaba el tiempo. Pero los temas de las mesas redondas eran aspectos particulares de los de las conferencias precedentes, con lo que la discusión no podía girar en torno a todas las cuestiones que habían planteado los ponentes, más las que surgían al hilo del propio debate. 

Con ser importante lo antedicho sobre el horario, lo que se ha quedado fuera completamente ha sido la interacción social. Nuestra pasión por lo virtual no nos ciega; amamos también lo presencial y disfrutamos con la relación personal cara a cara, con el tiempo necesario para cobijarse a la sombra en torno a una mesa de bar, y compartir, y departir. No es una frivolidad: estudios hay que aseguran que los asistentes a eventos educativos encuentran frecuentemente tan interesantes o más los intercambios profesionales informales durante esos tiempos y espacios no reglados que los contenidos transmitidos en las sesiones de trabajo. Y desde luego representan una oportunidad excepcional para crear comunidad, para establecer lazos y fortalecer relaciones personales y profesionales.

Un último aspecto relacionado con lo que opino del curso me queda por comentar, aunque  será muy brevemente. Se trata de las líneas de fuga trazadas en el cuadro que se ha dibujado durante la semana, los aspectos que desarrollar o en los que profundizar. Muchos, sin duda, pero destacaré tres. Queda sin explicar, o al menos sin ejemplificar claramente, cómo se evalúa cuando se trabaja por proyectos, cuando se usa el modelo de aprendizaje basado en problemas o cuando las tareas de enseñanza y aprendizaje se orientan a la consecución de las competencias básicas. Queda sin debatir suficientemente la tensión entre sociedad, estado, mercado y educación, en la que Ángel Pérez y Mariano Fernández Enguita nos introdujeron ya desde el primer momento. Queda por abordar seriamente otra tensión, la del fondo frente a la forma, la de los medios frente al contenido, esbozada o entrevista varias veces a lo largo de las intervenciones en el curso. Queda materia para otro por lo menos.

jueves, 22 de marzo de 2012

Manifiesto


Hoy, 22 de marzo, ha tenido lugar un Acto en defensa de la Educación Pública en la Facultad de Ciencias de la Educación. El texto se envió previamente a todo el profesorado, alumnado y PAS de la Universidad de Málaga, junto con una invitación a acudir a la concentración de hoy. Tras la lectura del Manifiesto por el Decano de la Facultad, José Francisco Murillo, se ha procedido a recoger firmas de adhesión y más  tarde se ha mantenido una rueda de prensa con los medios de comunicación. 

Manifiesto en defensa de la Educación pública, en las enseñanzas universitarias y no universitarias, promovido por el Decanato de la Facultad de Ciencias de la Educación


sábado, 3 de marzo de 2012

Remota Actualidad



Hace ahora 12 años escribí un brevísimo artículo por encargo de mi buen amigo y compañero Paco Espadas para ser publicado en un suplemento de una revista local. Desde entonces lo he venido usando en clase, preferentemente en 4º de Pedagogía, para introducir tres conceptos fundamentales y, sobre todo, para enfrentar a mis estudiantes con sus creencias ideológicas (*) –mejor ancladas en su ideario profesional que los estudios de cuatro años de carrera–, provocar el debate y, en el mejor de los casos, ayudarles a reconstruir ese pensamiento vulgar de hondas raíces sociales gracias a la potencia que tiene el examen de los antecedentes, las razones y los motivos que tiene cada cual para creer aquello que cree, enfrentándolos a evidencias y argumentos.


domingo, 19 de febrero de 2012

Sobre la elección de centro. Entrevista en Málaga hoy (19-02-2012)


"La elección tiene mucho que ver con las ansias de agrupar al niño con sus iguales"

El pedagogo Miguel Sola considera que "estamos viviendo un momento de excesiva preocupación" a la hora de decantarse por un centro educativo y apuesta por confiar en el colegio público más cercano.
CRISTINA FERNÁNDEZ | ACTUALIZADO 19.02.2012 - 08:21