jueves, 9 de octubre de 2014

El monje soldado emprendedor

Los pobres españoles tienen tres veces más probabilidades de haber repetido curso que los ricos, aun perteneciendo al mismo grupo de competencias PISA. A los 15 años, el 35% de los jóvenes españoles ha repetido al menos una vez, frente al 13% que es la cifra que corresponde al grupo de los países que integran la OCDE. Los que repiten tienen una probabilidad mucho mayor de dejar la escuela que los que pasan limpiamente de curso.
Lo dice el informe Panorama de la Educación 2014 que cada año presenta la OCDE y que señala el de la repetición como el primer tema clave del sistema educativo español, que contribuye poderosamente a aumentar la desigualdad y el abandono escolar.
Pero además se afirma que España es el país con mayor porcentaje de jóvenes que ni estudian ni trabajan de toda la UE. Uno de cada cuatro chicos y chicas de entre 15 y 29 años no hace nada. No es que no quieran trabajar, es que no se les brinda esa posibilidad, aunque siempre habrá quien se empecine en asegurar  que se trata de una elección personal cómoda, parasitaria, que en realidad afecta sólo al 7%, según el mismo informe, grupo que no parece que se nutra precisamente de los más necesitados. Más bien de los que pueden permitírselo.
Casi al mismo tiempo que la presentación del informe mencionado, hemos sabido que los presupuestos para educación suponen una rebaja de 570 millones en la presente legislatura. Si aumenta con respecto al año pasado es porque se destinan 143 millones de euros a implantar la impuesta LOMCE, especialmente la FP Básica y las famosas pruebas externas. Pero Infantil y Primaria pierden un 40% y Secundaria y FP un 60%. La Educación compensatoria cae de 169 hasta los irrisorios 5,2 millones que se le asignan y la Formación Permanente del Profesorado se conformará con escasamente 3,4.
¿Ustedes entienden algo? Prácticamente desaparece la Educación Compensatoria  cuando desde instituciones que tanto predicamento tienen para otros asuntos advierten que repetir curso, cosa que hacen sobre todo quienes proceden de entornos socioculturales y económicos más necesitados, representa una verdadera quiebra en la equidad del sistema educativo. Pero hay más, no se lo pierdan. Si la asignación para la formación de ese profesorado que Gomendio dijo que no estaba a la altura es ridícula, el uso que se hace de ella no lo es menos. Castilla La Mancha dará a sus docentes formación militar, aunque no menciona para nada ese término la nota de prensa correspondiente, que habla de que el Centro Regional de Formación del Profesorado impartirá talleres y cursos que contribuyan a la formación permanente de los docentes, con el fin de que “la cultura de la seguridad y la defensa formen parte de la educación de nuestros jóvenes estrechando los vínculos entre la sociedad civil y militar”. Los docentes deberían enseñar sobre “geopolítica, análisis de riesgos y amenazas, ciberseguridad, operaciones de paz y panoramas estratégicos y conocer los vínculos de la paz, la seguridad y la defensa”. No se me ocurren contenidos más imprescindibles en el currículo escolar.
Mientras tanto, los profesores españoles somos los que hemos visto rebajado más nuestro salario en los últimos años (entre el 13 y el 17%), pero aún ganamos tanto que no queda para otras cosas, dice Dirk Van Damme, responsable del informe Panorama de la Educación, quien señala que los altos salarios de los profesores dejan poco margen para “otras iniciativas” e infraestructuras. Formación esmerada e incentivos para atraer a la profesión a los mejores, las mismas claves que en Finlandia, ya se ve.
En otro orden de cosas, los impresos de becas del Ministerio de Educación ahora incluyen el de “religioso” entre los posibles estados civiles de los solicitantes. Según Laicismo.org, donde leo noticia y comentario, el artículo 326 del Código Civil establece que “el Registro del estado civil comprenderá las inscripciones o anotaciones de nacimientos, matrimonios, emancipaciones, reconocimientos y legitimaciones, defunciones, naturalizaciones y vecindad…”, de modo que uno pensaría que se está produciendo una clara confusión con el ejercicio de una profesión, oficio u ocupación.
Digan ustedes que sí; es una digresión en toda regla: no tiene nada que ver lo uno con lo otro, lo del registro civil con la formación permanente en materia bélica (perdón: pacífica, que a eso se dedica la ONG de la que hablamos), ni con el presupuesto para educación. Pero no puedo remediar que mi cerebro asocie libremente ideas y elabore imágenes a su capricho. La del monje soldado es la visión de un redivivo español ideal que traicioneramente me pone los vellos de punta en los momentos más inesperados. Eso sí, en versión emprendedor para ir acorde con los requerimientos del capitalismo neoliberal, que está empeñado en que sigamos siendo un país de pandereta. Y de cerrado. Y de sacristía, sobre todo de sacristía.
Publicado en Periódico Escuela el 9 de octubre de 2014