jueves, 31 de octubre de 2013

Sordos y ciegos



Dice Gomendio en TVE1 que no conoce las razones del rechazo a la LOMCE porque no las hay, porque no se les han ofrecido argumentos. Casi dos años explicándole, desde todos los sectores sociales y desde todas las organizaciones profesionales y sindicales, por qué creemos que es una ley clasista, segregadora, discriminatoria y antipedagógica, no parece que hayan sido suficientes. Quizás porque, como también ha dicho, no sabe “qué es eso de la comunidad educativa”.

Un paseo por las redes sociales le ilustraría convenientemente: ayer unieron en la calle sus voces jubilados e interinos, padres e hijos, escolares y universitarios, catedráticos y maestros, en la protesta con más siglas de la historia, dispuestos a sacrificar un jornal necesario como una inversión en lucha y futuro, avisados de la negrura que se agazapa en los pliegues de la historia (¡Estudiantes!: Franco ha Werto, rezaba una pancarta). Una jornada de huelga que no nos pueden hurtar porque tenemos fotos sin maquillar de todos los rincones del país: ya no nos engañan sus cifras; no nos amilana su desprecio.   


Dice Wert que cómo va a someter sus convicciones al consenso. Hay que señalarlo claramente: no cree en la democracia, que nada tiene que ver con imponer las propias ideas a todos, contra todos, por más diputados de su bando que alcen su mano a la hora del voto. Las minorías, los descontentos, los demás, son necesarios para la vida en armonía. En otras épocas, cuando el gabinete no creía en la democracia acababa rompiéndola o permitiendo que la destrozaran. Eso también es historia.

Si no nos oyen es porque son sordos. Si no nos ven es porque están ciegos. En democracia, en el imperio de la honestidad al servicio público, en cualquier sitio en el que la decencia política fuera un todavía un valor, el 24 O no habría llegado a su fin sin la dimisión del ministro. 

Publicado en Periódico Escuela en octubre de 2013.