jueves, 13 de junio de 2013

Silencio, propaganda y educación


Se acaba el curso. En los diez meses que han transcurrido desde septiembre, la LOMCE ha sido la protagonista indiscutible en todos los foros que tratan de la educación.
Ahórrenme un recuento detallado de los acontecimientos en contra: manifiestos, plataformas, huelgas, manifestaciones, debates o artículos de opinión de prestigiosos académicos, intelectuales y artistas; las páginas de Escuela son fiel testigo de todos ellos. Lo curioso es que en todos estos meses hayan sido tan pocas las iniciativas a favor, escasos los argumentos y nulas las voces autorizadas que se hayan alzado para defender la ley. O no existen o, mucho me temo, permanecen en silencio porque no creen necesario defenderla o porque saben que es educativa, social y hasta económicamente indefendible aunque les interese.
La mejor defensa de la LOMCE no está siendo un buen ataque.
El silencio de sus valedores impide un debate abierto que permita a las personas sopesar las razones de unos y de otros y tomar partido con conocimiento de causa y de acuerdo con sus intereses. A falta de ello, la creencia vulgar, el mito, el bulo, la desinformación, rigen la toma de decisiones.
Paralelamente, a lo largo de estos meses, los medios oficialistas no han dudado en actuar con la mayor desvergüenza en unos tiempos en que las redes sociales no sólo son capaces de emularlos, sino también de desenmascararlos. Piénsese, y no es más que un ejemplo, en una televisión pública que omite informar sobre un desplante al ministro de educación pero da pábulo a ideas peregrinas e insultantes como el modo decente de vestir de las jóvenes o el rezo de los parados como terapia contra el estrés.
La falta de argumentación favorable a la LOMCE por una parte, y por otra la escora descarada de algunos influyentes medios hacia la propaganda, son expresión perfecta de la estrategia de consolidación de la hegemonía, mecanismo por el cual acabamos aceptando como natural el dominio sobre nosotros de la clase que nos oprime.
Llámenlo como quieran, pero necesitamos un sistema educativo que eduque a la ciudadanía para que esto no suceda. O no se repita. Y no es la LOMCE.
Publicado en Escuela el 13 de junio de 2013