jueves, 9 de mayo de 2013

Redes y premoniciones



En las redes sociales en las que me hago visible hay unas 500 personas de las que puedo conocer cuanto publican, en el instante en que lo hacen. La selección no es inocente: “sigo” a quienes presumo que me va a interesar saber qué piensan, hacen, proponen o publicitan, por conocimiento personal o por referencias de terceros. La inmensa mayoría vinculadas a la educación.
A poco que sepan ustedes cómo va eso de las redes sociales se darán cuenta de que hasta mí llegan, de primera mano o rebotadas, las aportaciones de varios miles de personas: mis contactos y muchos de los contactos de mis contactos.
Aunque no ya para ustedes, para mí mañana es 9 de mayo, jornada de huelga. Permítanme un breve análisis de andar por casa, de bulto, de los contenidos de mis redes el día de hoy: entre quienes insisten en hacerme partícipe de dónde se encuentran en ese momento, me regalan frases ingeniosas o me ilustran acerca de las miserias de entrenadores, clubes y jugadores, se va un elevado tanto por ciento. No faltan quienes retransmiten la sesión de control en el congreso o glosan un programa de la tele minuto a minuto. Hay quienes me leen los titulares de prensa y quienes, menos mal, me envían enlaces a trabajos en los que hay cosas interesantes que ver o leer. Un escaso cinco por ciento se refieren a la jornada de huelga de mañana, sea a favor o en contra, y consisten en llamadas a la participación o a la inhibición más que en argumentos en un sentido u otro.
Ya sabemos todos qué ha pasado con la huelga, pero no olviden que cuando escribo esto yo aún no tengo ni idea. Espero que lo que hoy aparece en mis redes sociales no tenga valor predictivo, que se equivoque al menos tanto como las encuestas de intención de voto a pie de urna.
Sé que una semana después no tiene más valor que el testimonial, pero como en la columna del mes pasado me preguntaba qué nos merecemos, me apetece explicarles por qué haré (he hecho) huelga el 9 de mayo para manifestar mi rechazo a la LOMCE: porque me niego a renunciar a la esperanza en un mundo más equitativo, más solidario, más libre, más justo, más humano.

Addenda unas horas después del éxito embriagador
Ya es 10 de mayo, viernes, casi las 3 de la tarde, sólo unas pocas horas desde que nos dispersáramos después de la manifestación de ayer, y menos aún desde la avalancha de informaciones sobre la jornada de huelga. No tengo ni mucho tiempo ni muchas fuerzas ahora, de modo que resumiré en pildorazos algunas impresiones que me quedan.
Con independencia del baile de cifras según quién haga las cuentas, como es normal, una cosa parece clara: el profesorado de Secundaria fue a la huelga ayer en mucha mayor proporción que el de Primaria, que acudió a trabajar aun sin alumnos, ya que los padres sí que decidieron no enviar a sus hijos al colegio. Desconozco las razones que pueda aducir cada cual, uno a uno, para justificar o explicar su postura. Allá cada conciencia. Pero me llama la atención que el profesorado de Secundaria, según el tópico menos inspirado por la pedagogía y las razones educativas que el de Primaria, según el tópico más concienciado en estos asuntos, haya respondido con bastante mayor presencia en la protesta. O los tópicos son cada vez más falsos o las razones de unos y de otros se me escapan; tanto para hacer huelga como para ejercer su derecho a trabajar precisamente, precisamente, ese día.
La noticia de que la LOMCE no se iba a tratar en el Consejo de Ministros de hoy cundió como la pólvora incluso algunas horas antes de las manifestaciones. Aun así, hoy se proclama en todas partes (en todas no, ya me entienden) el poder intimidatorio de la protesta. Lo que peor me ha sentado es el intento de capitalizar el supuesto éxito de la huelga por parte de algunos grupos políticos y sindicatos, e incluso su patético intento de subirse al carro ahora, precisamente ahora, para liderar acciones futuras. Cuando me da a mí que en las razones de muchos de los que no han hecho huelga están justamente las acciones y omisiones de esos mismos grupos políticos y sindicatos.
El gobierno ha dicho hoy mismo que la LOMCE no se retira, que sólo se ha aplazado su aprobación y que será tratada en Consejo de Ministros dentro de pocas semanas. Ojalá sea un farol, pero me cuadra. En cuanto consigan llegar a un acuerdo aceptable quienes, dentro del partido y del Gobierno, tienen todavía asperezas que limar o competencias autonómicas que dirimir.
Ayer fue una fiesta, un lujo de gente de toda procedencia unida en una protesta única: que retiren la LOMCE. No estaría bien ni que tardásemos mucho en festejar otra vez ni que la resaca nos impidiera ver con claridad dónde estamos exactamente ahora. Y mientras, hoy, mis redes sociales reparten sus profusas aportaciones más o menos igual que el día de antes, el 8 de mayo. A ver si estamos en lo que estamos.
Publicado en Periódico Escuela el 9 de mayo de 2013