martes, 31 de diciembre de 2013

14 columnas contra la LOMCE

El último día de un año que despido con amargura quiero hacer balance y ofrecer en una sola entrada las catorce columnas publicadas hasta ahora en el Periódico Escuela. Desde septiembre de 2012 hasta diciembre de 2013, no ha habido ocasión de usar otro argumento que la LOMCE porque la ley que ya está en vigor y nos transporta a épocas que creíamos superadas, exigía todos los esfuerzos para denunciarla y descalificarla desde que sólo era un borrador. Ha sido en vano, no obstante. O quizás no, si es cierto que ha concitado tanto rechazo y se hacen carne las promesas de insumisión que proliferan en las redes sociales.





VERÁN USTEDES
Septiembre, 2012

No quisiera parecer desagradecido, pero ya me podía haber invitado Escuela a estrenarme en esta columna en otro momento más facilón. Y no es que corran tiempos calmos: asuntos de actualidad sobran porque anda el patio revuelto. Pero no es fácil abordar ninguno y ser original ni en los planteamientos ni en los contenidos. Dense si no una vuelta por Twitter o Facebook y verán.

Verán que se habla del controvertido privilegio de que gozamos los funcionarios, de los recortes salariales y del aumento de las horas de trabajo pero con más alumnos por grupo y la necesidad de atender a todos según sus necesidades, que eso no ha cambiado. O quizás sí ha cambiado y esa es la novedad. 

Verán también que disminuye el número de docentes en la pública mientras sube en la privada. Y crece el beneficio de esta última, que no sé si tendrá que ver con lo primero. Lo que sí sé es que tanto la pública como la concertada las pagamos todos, pero no percibimos los réditos de la segunda.

Verán que se discute la LOMCE, que se analizan las reválidas de Wert y lo que tienen de regreso al pasado, de simplificar la meritocracia escolar pero a costa de revitalizar los méritos de cuna y rebajar las expectativas de promoción social de los menos favorecidos. 

Verán que se debate la nueva orientación de la educación para la ciudadanía, que excluye de sus contenidos precisamente aquellos que mejor definen lo que es ser ciudadano, los relacionados con aprender a intervenir, moralmente en paz con uno mismo, en los asuntos de la convivencia en una sociedad cada día más diversa y compleja.

Verán, en fin, que se escribe sobre el cheque escolar, la merma de las tutorías, el bachillerato de pago, el fin de la escuela 2.0, el ocaso de la formación permanente, las fiambreras a 3 euros en concepto de desgaste de comedor, una universidad más cara y selectiva pero no mejor ni más selecta, unas becas con devolución programada. Y de fondo el desprestigio de lo público, de lo de todos pagado con el dinero de todos para asegurar y proteger el beneficio de muy pocos.
Aunque el curso asoma convulso, confieso que no sé exactamente qué decir ni sobre qué. Puede que el mes que viene.



IDEOLOGÍA, NATURALMENTE
Octubre, 2012

Estoy sorprendido por el empeño que se está poniendo en tachar de ideológica a la LOMCE, y más sorprendido aún, perplejo casi, por la tenaz defensa del ministro, que insiste en que de ninguna manera lo es. 

Me asombra que pueda discutirse que el modelo de sistema educativo responde siempre a parámetros ideológicos. Como debe ser, ya que se trata de un posicionamiento activo respecto de cuestiones de índole social, política y económica que afectan a todos. Que Wert insista en que no se trata de ideología sólo puede interpretarse como un intento de presentar la reforma como un ajuste técnico necesario, lo cual es un argumento conveniente para esa parte de la población que se complace en creerse desideologizada. Por abordar de momento sólo uno de los aspectos de la propuesta, lo que se dirime con las resucitadas reválidas no es un mero asunto técnico, porque una ley de educación ha de reflejar la aspiración a redistribuir el capital cultural de las familias facilitando la promoción social o, por el contrario, a mantenerlo y reforzarlo en clases diferenciadas. Sociales, claro. 

Las reválidas no buscan precisamente mejorar los resultados de los estudiantes, sino excluir pronto a quienes más lo necesitan. Orientar el sistema educativo exclusivamente a la preparación laboral de los jóvenes para competir en el mercado tiene apariencia de propuesta razonable y neutra, pero encubre la ideología de quienes desean seleccionar a unos pocos a costa de condenar a muchos a vías de segunda, responsabilizándoles a ellos y a sus familias de su rendimiento olvidando la relación que existe entre el éxito académico y el nivel sociocultural de partida. 

Un auténtico interés por la formación para el trabajo no ignoraría la necesidad de innovar e investigar como parte imprescindible de las capacidades profesionales. Y el peso de la permanente evaluación dirigida a comprobar resultados va a marcar seriamente las posibilidades de innovar y experimentar, el único modo de dejar atrás el modelo educativo trasnochado que padecemos y convertirlo en el que parece que todos reclamamos, aunque desde posiciones distintas. Ideológicas, naturalmente.



HAY QUE PARARLA
Noviembre, 2012

Apropiándome de Enguita, Gimeno,  Beltrán, Fullan, Cuban, Hargreaves... he repetido en papeles y en clases que las reformas afectan mucho a la estructura del sistema y poco a su sustancia. Que los maestros nos adaptamos poco, mal y tarde a los supuestos epistemológicos, pedagógicos y psicológicos que inspiran las reformas, y que nuestras prácticas perfectamente pueden responder a la última ley en lo burocrático y administrativo, pero casar mejor con la ley anterior, o incluso con la anterior, o con la otra aún más antigua. Se pueden rellenar papeles LOE y trabajar a diario como en la LGE. Sin muchos problemas. Por eso mismo, también se puede trabajar superando la estrechez de una mala ley. El progreso en educación se debe a ello sobre todo.

Porque la práctica tiene que ver con los contenidos, los métodos, los recursos, los materiales, las tareas, los agrupamientos, las relaciones, los espacios... y con el pensamiento profesional y las creencias pedagógicas de cada uno.
Y estos últimos, pensamiento y creencias, se conforman más y mejor por influencia de la práctica (padecida e infligida) que por la de teorías y conceptos adquiridos durante la formación en Escuelas y Facultades. Lo que viene a ser el verdadero reto de la formación del profesorado, inicial y permanente, y confiere crucial importancia a las prácticas de enseñanza.

El problema con esta reforma de Wert es que los cambios estructurales que propone (que son los que sí se llevarán a la práctica), al contrario que las anteriores reformas desde la LGE, suponen una involución.

Y toda involución, como revela el significado de la palabra, representa volver a prácticas ya probadas, conocidas, asentadas en el recuerdo y en la historia personal de los adultos. El no suponer reto alguno para el profesorado ni desestabilizar la idea de escuela que conservan muchos padres, necesariamente tiene que tranquilizar a mucha gente.

Por una vez tendré que aceptar que una reforma puede influir notablemente en las prácticas educativas. Y dado el cariz de la propuesta, no queda más remedio que tratar de pararla. 



LA MULA, LA LOMCE Y EL BUEY
Diciembre, 2012

A punto estaba de redactar otro alegato en contra de la LOMCE cuando llega a mis oídos el inesperado desahucio que han sufrido la mula y el buey, expulsados sin contemplaciones del pesebre.
A decir verdad, no me consta si la enmienda a la historia sagrada se ajusta a los resultados de una investigación rigurosa con el concurso de historiadores, arqueólogos, paleontólogos y otros competentes científicos, o si es materia de revelación. De tratarse de lo primero, estaríamos ante el conocimiento socialmente construido más reciente sobre el particular, y forzoso sería creerlo provisionalmente aun en contra de nuestras convicciones y, sobre todo, de nuestras tradiciones más arraigadas. Digo provisionalmente porque así es como se construye el conocimiento en todas las disciplinas y áreas del saber: en espera de descubrimientos y elaboraciones más avanzadas que pongan en entredicho lo que se viene dando por cierto hasta el momento.
Pero si se trata de revelación, entonces no hay más que creer en ello, porque eso es lo que tiene la cosa del hilo directo.
Ahora comprendo mejor lo difícil que está resultando luchar contra la LOMCE, y la resistencia de quien la ha propuesto a escuchar el clamor contra ella por parte del profesorado, de las familias, de académicos, científicos, artistas e intelectuales. Por razones obvias: el sistema educativo que propone esta reforma sin duda le ha sido revelado al señor ministro, ya que contradice la mayor parte de los conocimientos científicos hoy disponibles

sobre educación, en primer lugar, y sobre desarrollo personal, social y hasta económico a largo plazo en segundo lugar. No hay manera de comprender cuál es el basamento psicológico de la supresión de las Artes o la Historia; ni la corriente sociológica que aconseja la segregación temprana; ni la tendencia pedagógica que defiende que se aprende mejor a base de exámenes; ni siquiera la escuela económica que pretende obtener mejor capacidad competitiva invirtiendo menos en educación.

Claro está, eso de la revelación no rige para todos. Si no se es creyente de esa fe, sí puede uno situarse en la oposición. Puede seguir exigiéndolo: hay que pararla. 



NO SIN NOSOTROS
Enero, 2013

La calidad de la educación de un país descansa en la calidad de sus docentes. Para bien o para mal. A riesgo de prestarles argumentos a quienes no puedo sino contradecir en lo esencial, hay bastante de verdad en que se puede hacer mucho con menos, como demuestran los logros en pasados tiempos de penuria no sólo económica, sino política e intelectual. Un excelente ejemplo lo constituye la contestación pedagógica y el avance educativo que supusieron los Movimientos de Renovación Pedagógica, allá por los sesenta y setenta del siglo pasado, que se crecieron y envalentonaron, y supusieron un vasto progreso en el pensamiento y en la práctica, precisamente por tenerlo todo en contra. Todo menos el futuro. Y la ilusión intacta.
Se anuncia ahora el Estatuto del Docente y hay quien se ha apresurado a exigir que sea debatido y negociado. Es una vieja aspiración del profesorado, desde luego, pero éste no puede ser un momento más inoportuno, porque donde realmente se delinea con claridad meridiana qué es ser, y en qué condiciones se es, docente, es en la norma general, es decir, en la LOMCE: una ley que lleva impresa en su reverso la fecha de caducidad y transmite todo el atractivo de una ciénaga, empeñada en mostrar signos evidentes de desconfianza hacia el profesorado. Nada puede hacerse sin él por mejorar la calidad del sistema educativo.
No alcanzo a imaginar qué clase de Estatuto del Docente puede amamantarse a los pechos de una ley de educación parida sin el concurso del profesorado, sin su voz ni su voto –cuando no con su voto en contra–, que le hurta autonomía en su diseño y capacidad de decisión en su desarrollo, que le aboca a examinar más que a enseñar, que le reduce ocasiones para la experimentación y la innovación, que le regatea la colaboración con las familias, que cercena la creatividad y que le obliga a renunciar a las Artes y a las Humanidades por mor de fabricar emprendedores. Prestigiar la labor docente es justo lo contrario de todo ello, y temo que sea por otros derroteros por los que caminen las intenciones del anunciado Estatuto.




SIN TAPUJOS
Febrero, 2013

Louis Althusser afirmó que la escuela es el aparato ideológico del Estado. Ivan Illich aspiraba a una sociedad desescolarizada. Mucho más recientemente, Ken Robinson asegura que las escuelas matan la creatividad. Tales pensamientos de autor hay que tomarlos como lo que son: denuncias del papel de la educación en nuestras economías (post)modernas. Tras ellos hay un sustrato común que viene a desenmascarar a los sistemas educativos, en superficie defensores del desarrollo ilimitado de las potencialidades humanas, pero de hecho pensados para convertir al educativo en un sutil proceso de socialización a lo bestia, es decir, en el inadvertido aprendizaje del perfecto encaje individual en el sistema que de hecho anule toda capacidad de crítica, de alternativa, de subversión.

Althusser, Illich y Robinson pueden llamarse revolucionarios, aunque sólo sea porque al ir a contracorriente en su autocomplacido contexto, reúnen alguna de las características que a un revolucionario le atribuyó Carl Jung: alguien que siempre resulta un aguafiestas. En su estilo, con la finura de una brocha, Wert ha desarrollado sin tapujos toda la filosofía del desaparecido primer párrafo del Anteproyecto de la LOMCE –no así de su espíritu ni de sus pretensiones más groseras–: los jóvenes no deberían elegir estudiar lo que les gusta, sino “en términos de su posible empleabilidad”.

La propuesta, formulada sin tapujos a favor de la deshumanización y de la obediencia servil a los caprichos del mercado, al menos sería una declaración ideológica coherente si no fuera una falsedad. Como si hoy tuviéramos idea de qué puestos de trabajo habrá dentro de veinte años. Como si quienes estudiaron lo conveniente en lugar de lo que les gustaba tuvieran hoy trabajo en lo suyo.
Una vez más, los argumentos político-educativos al servicio de la ocultación de la incapacidad del gobierno de afrontar los verdaderos problemas: nuestro mercado de trabajo no tiene capacidad para ofrecer empleo a quienes están sobradamente preparados para trabajar. En ningún campo. Es el sistema económico, no el educativo, el que tiene la pelota en su tejado.



DESMOTIVADOS CON MOTIVOS
Marzo, 2013

La noticia que repiten periódicos y televisiones una semana antes de que ustedes puedan leer esta columna es que la docente es una de las profesiones mejor consideradas por la sociedad española. No deja de tener su misterio, porque también es una de las menos prestigiosas, ya que pocas personas recomendarían esa opción laboral a hijos o buenos amigos. Lo que viene a decir que tiene mucho mérito dedicarse a menester tan elevado pero de magro rendimiento.

Según el medio que amplifique los resultados del estudio del CIS, varía la explicación de semejante paradójico estado de la cuestión, pero observo una alta coincidencia en poner de relieve la desmotivación del profesorado debido a su creciente falta de autoridad.

El profesorado, parece, no está desmotivado porque a mi amiga Lola le vaya a costar 510€ la baja por neumonía, no; ni porque como funcionarios los docentes estemos sujetos a la permanente presunción de vagancia, no; ni porque debamos someternos una vez más al capricho de una reforma sin haber sido consultados antes u oídos durante, no; ni porque los exámenes externos anunciados y reválidas previstas exuden una absoluta y desleal desconfianza en nuestra competencia, no; ni porque debamos atender a más alumnos por grupo, dar más horas de clase, impartir materias de las que no somos especialistas y contar con menos apoyos, no. Es que los alumnos nos faltan al respeto y andamos necesitados de una investidura de autoridad, como si para ello bastara tocarse con gorra de plato.

Las encuestas sólo encuentran de entre lo que buscan, y la prensa selecciona lo que conviene para crear opinión. Curiosamente, las causas de la desmotivación del profesorado cuadran bien con añejas aspiraciones de profesionalización de la función directiva que la asemeje a la gestión empresarial y con más recientes pero no menos rancias propuestas de judicialización de la vida de los centros. No es esa la autoridad que se gana el respeto de los estudiantes, ni renueva las ilusiones del docente que las ha perdido. Mejor sería no ahondar tanto en la búsqueda y prestar oídos al clamor que se eleva ya de tantas voces.




QUÉ NOS MERECEMOS
Abril, 2013

No descarto que parte de la sociedad y del profesorado esté conforme con las tropelías que se están cometiendo, sea por interés, convencimiento, desconocimiento, desinformación o indiferencia. Pocos argumentos más de los que ya se han aportado pueden aducirse para parar la LOMCE. Está dicho todo, y lo que pudiera añadirse es reiteración. Pero lo que no deberíamos dejar de denunciar es el modo en que prolifera la caza de brujas, la operación nada disimulada de acoso, de desgaste de la imagen social del profesorado para debilitarlo y exponerlo indefenso y solo ante la reforma y los recortes (salariales y sistémicos), ante el deterioro de la pública, ante las reivindicaciones justas de un colectivo cansado de no pintar nada en el diseño de las políticas que regulan su trabajo y el producto de su esfuerzo. Pero esta temporada no se lleva mucho la justicia.

No hay más que pasarse por los foros para leer despropósitos, alimentados por el rencor, acerca de los docentes, su formación y sus privilegiadas condiciones laborales; despropósitos que no han cambiado en décadas a despecho de las alteraciones en el puesto de trabajo y aunque hay muestras en la profesión, como en pocas, de voluntarismo militante, que es lo que en realidad mantiene un nivel aceptable de innovación y de compromiso con la educación. Si no fueran tales y tan numerosas muestras, el paisaje educativo sería de un triste gris ministerial. Al contrario que en otras dedicaciones, la iniciativa del trabajador a menudo supera con creces las cortas miras del legislador. Y a ello se debe el progreso.

Así las cosas, la muestra de civismo de los docentes ante tanta provocación no tiene igual. ¿O no es civismo, sino conformismo? ¿ignorancia? ¿pasotismo? ¿cobardía? ¿fatalismo? ¿indiferencia? ¿derrotismo? Inacción y desunión, en todo caso. Hasta ahora; porque la LOMCE tiene la inédita virtud de unir a todos en su contra, desde Infantil a Universidad, profesores, padres, alumnos y sindicatos. Veremos qué pasa con la huelga general educativa el 9 de mayo.

Ocasión mejor no vamos a tener para sacudirnos la apatía, manifestar apoyos y resistencias, y demostrar qué nos merecemos.




REDES Y PREMONICIONES
Mayo, 2013

En las redes sociales en las que me hago visible hay unas 500 personas de las que puedo conocer cuanto publican, en el instante en que lo hacen. La selección no es inocente: “sigo” a quienes presumo que me va a interesar saber qué piensan, hacen, proponen o publicitan, por conocimiento personal o por referencias de terceros. La inmensa mayoría vinculadas a la educación. A poco que sepan ustedes cómo va eso de las redes sociales se darán cuenta de que hasta mí llegan, de primera mano o rebotadas, las aportaciones de varios miles de personas: mis contactos y muchos de los contactos de mis contactos.

Aunque no ya para ustedes, para mí mañana es 9 de mayo, jornada de huelga. Permítanme un breve análisis de andar por casa, de bulto, de los contenidos de mis redes el día de hoy: entre quienes insisten en hacerme partícipe de dónde se encuentran en ese momento, me regalan frases ingeniosas o me ilustran acerca de las miserias de entrenadores, clubes y jugadores, se va un elevado tanto por ciento. No faltan quienes retransmiten la sesión de control en el congreso o glosan un programa de la tele minuto a minuto. Hay quienes me leen los titulares de prensa y quienes, menos mal, me envían enlaces a trabajos en los que hay cosas interesantes que ver o leer. Un escaso cinco por ciento se refieren a la jornada de huelga de mañana, sea a favor o en contra, y consisten en llamadas a la participación o a la inhibición más que en argumentos en un sentido u otro.

Ya sabemos todos qué ha pasado con la huelga, pero no olviden que cuando escribo esto yo aún no tengo ni idea. Espero que lo que hoy aparece en mis redes sociales no tenga valor predictivo, que se equivoque al menos tanto como las encuestas de intención de voto a pie de urna.

Sé que una semana después no tiene más valor que el testimonial, pero como en la columna del mes pasado me preguntaba qué nos merecemos, me apetece explicarles por qué haré (he hecho) huelga el 9 de mayo para manifestar mi rechazo a la LOMCE: porque me niego a renunciar a la esperanza en un mundo más equitativo, más solidario, más libre, más justo, más humano.

Addenda unas horas después del éxito embriagador
Ya es 10 de mayo, viernes, casi las 3 de la tarde, sólo unas pocas horas desde que nos dispersáramos después de la manifestación de ayer, y menos aún desde la avalancha de informaciones sobre la jornada de huelga. No tengo ni mucho tiempo ni muchas fuerzas ahora, de modo que resumiré en pildorazos algunas impresiones que me quedan.

Con independencia del baile de cifras según quién haga las cuentas, como es normal, una cosa parece clara: el profesorado de Secundaria fue a la huelga ayer en mucha mayor proporción que el de Primaria, que acudió a trabajar aun sin alumnos, ya que los padres sí que decidieron no enviar a sus hijos al colegio. Desconozco las razones que pueda aducir cada cual, uno a uno, para justificar o explicar su postura. Allá cada conciencia. Pero me llama la atención que el profesorado de Secundaria, según el tópico menos inspirado por la pedagogía y las razones educativas que el de Primaria, según el tópico más concienciado en estos asuntos, haya respondido con bastante mayor presencia en la protesta. O los tópicos son cada vez más falsos o las razones de unos y de otros se me escapan; tanto para hacer huelga como para ejercer su derecho a trabajar precisamente, precisamente, ese día.

La noticia de que la LOMCE no se iba a tratar en el Consejo de Ministros de hoy cundió como la pólvora incluso algunas horas antes de las manifestaciones. Aun así, hoy se proclama en todas partes (en todas no, ya me entienden) el poder intimidatorio de la protesta. Lo que peor me ha sentado es el intento de capitalizar el supuesto éxito de la huelga por parte de algunos grupos políticos y sindicatos, e incluso su patético intento de subirse al carro ahora, precisamente ahora, para liderar acciones futuras. Cuando me da a mí que en las razones de muchos de los que no han hecho huelga están justamente las acciones y omisiones de esos mismos grupos políticos y sindicatos.

El gobierno ha dicho hoy mismo que la LOMCE no se retira, que sólo se ha aplazado su aprobación y que será tratada en Consejo de Ministros dentro de pocas semanas. Ojalá sea un farol, pero me cuadra. En cuanto consigan llegar a un acuerdo aceptable quienes, dentro del partido y del Gobierno, tienen todavía asperezas que limar o competencias autonómicas que dirimir.

Ayer fue una fiesta, un lujo de gente de toda procedencia unida en una protesta única: que retiren la LOMCE. No estaría bien ni que tardásemos mucho en festejar otra vez ni que la resaca nos impidiera ver con claridad dónde estamos exactamente ahora. Y mientras, hoy, mis redes sociales reparten sus profusas aportaciones más o menos igual que el día de antes, el 8 de mayo. A ver si estamos en lo que estamos.




SILENCIO, PROPAGANDA Y EDUCACIÓN
Junio, 2013

Se acaba el curso. En los diez meses que han transcurrido desde septiembre, la LOMCE ha sido la protagonista indiscutible en todos los foros que tratan de la educación.

Ahórrenme un recuento detallado de los acontecimientos en contra: manifiestos, plataformas, huelgas, manifestaciones, debates o artículos de opinión de prestigiosos académicos, intelectuales y artistas; las páginas de Escuela son fiel testigo de todos ellos. Lo curioso es que en todos estos meses hayan sido tan pocas las iniciativas a favor, escasos los argumentos y nulas las voces autorizadas que se hayan alzado para defender la ley. O no existen o, mucho me temo, permanecen en silencio porque no creen necesario defenderla o porque saben que es educativa, social y hasta económicamente indefendible aunque les interese.

La mejor defensa de la LOMCE no está siendo un buen ataque.

El silencio de sus valedores impide un debate abierto que permita a las personas sopesar las razones de unos y de otros y tomar partido con conocimiento de causa y de acuerdo con sus intereses. A falta de ello, la creencia vulgar, el mito, el bulo, la desinformación, rigen la toma de decisiones.

Paralelamente, a lo largo de estos meses, los medios oficialistas no han dudado en actuar con la mayor desvergüenza en unos tiempos en que las redes sociales no sólo son capaces de emularlos, sino también de desenmascararlos. Piénsese, y no es más que un ejemplo, en una televisión pública que omite informar sobre un desplante al ministro de educación pero da pábulo a ideas peregrinas e insultantes como el modo decente de vestir de las jóvenes o el rezo de los parados como terapia contra el estrés.

La falta de argumentación favorable a la LOMCE por una parte, y por otra la escora descarada de algunos influyentes medios hacia la propaganda, son expresión perfecta de la estrategia de consolidación de la hegemonía, mecanismo por el cual acabamos aceptando como natural el dominio sobre nosotros de la clase que nos oprime.

Llámenlo como quieran, pero necesitamos un sistema educativo que eduque a la ciudadanía para que esto no suceda. O no se repita. Y no es la LOMCE.




COMO LOS CANGREJOS
Septiembre, 2013
Antonio Vallejo-Nájera, en un trabajo de 1939 titulado “Psiquismo del fanatismo Marxista”, afirmaba que “La perversidad de los regímenes democráticos favorecedores del resentimiento promociona a los fracasados sociales con políticas públicas, a diferencia de lo que sucede con los regímenes aristocráticos donde sólo triunfan socialmente los mejores”.

Sería una simpleza si no hubiera justificado atrocidades como la llamada “reeducación de los vencidos” o el robo de niños en los primeros años del franquismo. Hoy eso no se da; hoy muchos creen a pies juntillas semejante teoría, pero descartan que se trate de una evidencia científica.

Seguramente portador del gen rojo que buscaba el psiquiatra franquista, no he podido evitar establecer una relación hipotética entre tan antigua afirmación y las políticas sociales actuales. ¿Será para quebrar el régimen democrático por lo que el criterio para obtener beca no va a ser la renta, sino la nota, pese a que el mismísimo Consejo de Estado ha manifestado que el decreto de becas y ayudas es injusto, y aunque haya instado al Gobierno a que permita que “las personas que carezcan de medios económicos puedan estudiar igual que el resto sin exigirles una infalibilidad que no se exige a los demás”? ¿Será ésa la razón de que en Andalucía se puedan estudiar dos carreras con lo que cuesta una en Madrid? ¿Explica eso el hecho de que 54 colegios segregacionistas serán subvencionados, amparándose las administraciones en que las sentencias en contra dictadas por los tribunales no son firmes?

De ser así, no me escandalizaría tanto la subsistencia de tan rancio pensamiento como la connivencia de las clases medias empobrecidas y las populares precarizadas si no tratan de impedir la marcha atrás y el regreso del régimen aristocrático a que aspiraba Vallejo.




NO PUEDE SER IGNORANCIA
Octubre, 2013

No, yo no creo que el señor Ministro sea un ignorante, como he leído recientemente por ahí sobre Wert.

Por poco que haya puesto de su parte la naturaleza, el haber nacido en una familia de posibles, estudiado en colegios de pago, haber terminado una carrera universitaria, enseñado, viajado y dirigido empresas, me impide tomarme en serio semejante afirmación con ínfulas de insulto. Además, que en las tertulias televisivas debe de aprenderse mucho.

Tampoco me parece que deba considerarse ignorante al ministro Soria solo por afirmar en público y ante las cámaras que el meridiano de Greenwich pasa por Canarias. Un despiste lo tiene cualquiera, y más si el examen es oral. Si acaso, imprudente por no haberlo consultado con alguno de los muchos asesores que le pagamos para que no cometa errores sin importancia. Por otra parte, el desliz no es tan grave; nada comparado con el hecho de que los aspirantes a maestros no sepan (eso sí que es ignorancia) qué provincias baña el Ebro, porque los futuros docentes deben conocer lo que después enseñarán, porque, al fin y al cabo, los ríos pueden tocarse y un meridiano es una convención que nadie ha visto jamás, y porque hacerlo pasar por Canarias no tiene efectos importantes si se obvia el hecho de que organiza los horarios con los que vivimos.

No puede ser. La pretendida ignorancia de Wert no es tal. Prescindir de los conocimientos científicos y técnicos actuales, de informes y voces autorizadas, para organizar todo un sistema educativo, no es más que poner el conocimiento al servicio de cierta ideología. Lo extraño es que le guste tan poco esa palabra y que quienes le apoyan en silencio sean incapaces de admitir que se trata de ideología y que coincide con la suya. Otro día trataré de comprender si en estos casos sí se trata de ignorancia.




SORDOS Y CIEGOS
Noviembre, 2013

Dice Gomendio en TVE1 que no conoce las razones del rechazo a la LOMCE porque no las hay, porque no se les han ofrecido argumentos. Casi dos años explicándole, desde todos los sectores sociales y desde todas las organizaciones profesionales y sindicales, por qué creemos que es una ley clasista, segregadora, discriminatoria y antipedagógica, no parece que hayan sido suficientes. Quizás porque, como también ha dicho, no sabe “qué es eso de la comunidad educativa”.

Un paseo por las redes sociales le ilustraría convenientemente: ayer unieron en la calle sus voces jubilados e interinos, padres e hijos, escolares y universitarios, catedráticos y maestros, en la protesta con más siglas de la historia, dispuestos a sacrificar un jornal necesario como una inversión en lucha y futuro, avisados de la negrura que se agazapa en los pliegues de la historia (¡Estudiantes!: Franco ha Werto, rezaba una pancarta). Una jornada de huelga que no nos pueden hurtar porque tenemos fotos sin maquillar de todos los rincones del país: ya no nos engañan sus cifras; no nos amilana su desprecio. 

Dice Wert que cómo va a someter sus convicciones al consenso. Hay que señalarlo claramente: no cree en la democracia, que nada tiene que ver con imponer las propias ideas a todos, contra todos, por más diputados de su bando que alcen su mano a la hora del voto. Las minorías, los descontentos, los demás, son necesarios para la vida en armonía. En otras épocas, cuando el gabinete no creía en la democracia acababa rompiéndola o permitiendo que la destrozaran. Eso también es historia.

Si no nos oyen es porque son sordos. Si no nos ven es porque están ciegos. En democracia, en el imperio de la honestidad al servicio público, en cualquier sitio en el que la decencia política fuera un todavía un valor, el 24 O no habría llegado a su fin sin la dimisión del ministro.  




El MACHETE DE WERT
Diciembre, 2013

El Senado aprobó la LOMCE tal y como estaba previsto, y hoy mismo lo hará el Congreso, tal y como está previsto también. Y es que en las Cámaras el papel al que sus señorías han relegado al debate es de esa clase inservible que llaman mojado.

Algo va decididamente mal en la democracia cuando un gobierno recurre al simple recuento de manos alzadas, y todas son de su grupo parlamentario, para aprobar una ley en contra del resto de los grupos, del colectivo profesional, de los estudiantes y de los padres. Ni las huelgas ni las manifestaciones de la comunidad educativa, ni los casi dos millones de firmas que la marea verde ha conseguido reunir, ni los argumentos de académicos o los manifiestos de artistas e intelectuales son obstáculo para que Gomendio afirme sin ningún pudor que la LOMCE tiene el respaldo de la mayoría de la sociedad.

Algo huele a podrido en esa forma de entender el juego democrático, porque la votación debe ser el último recurso, aquel al que hay que acudir cuando todo lo demás ha fallado (pero se ha intentado activa y sinceramente). El simple recuento de votos no es la esencia de la práctica democrática, sino la prueba clara de su ineficacia. Democracia es compromiso con la voz discrepante, con las minorías, con los intereses marginales, con el sentir popular. Democracia es debate, conciliación, entendimiento, acercamiento, renuncia a un despotismo que, en este caso, ni siquiera es ilustrado. Democracia es la fuerza de la razón.

No era democrático el llamado rodillo socialista –recuerden quienes tengan memoria y voluntad–, ni es democrático este imponer un criterio que si ha conseguido unanimidad es en su contra.

No es democrático poner de rodillas al oponente, aunque sea –por ser– más débil.

Wert no necesita machete. Ya tiene el arma letal y sabe usarla: la razón de la fuerza, la más eficaz contra la convivencia.