miércoles, 28 de noviembre de 2012

La mula, la LOMCE y el buey


A punto estaba de redactar otro alegato en contra de la LOMCE cuando llega a mis oídos el inesperado desahucio que han sufrido la mula y el buey, expulsados sin contemplaciones del pesebre.

A decir verdad, no me consta si la enmienda a la historia sagrada se ajusta a los resultados de una investigación rigurosa con el concurso de historiadores, arqueólogos, paleontólogos y otros competentes científicos, o si es materia de revelación. De tratarse de lo primero, estaríamos ante el conocimiento socialmente construido más reciente sobre el particular, y forzoso sería creerlo provisionalmente aun en contra de nuestras convicciones y, sobre todo, de nuestras tradiciones más arraigadas. 

Digo provisionalmente porque así es como se construye el conocimiento en todas las disciplinas y áreas del saber: en espera de descubrimientos y elaboraciones más avanzadas que pongan en entredicho lo que se viene dando por cierto hasta el momento.

Pero si se trata de revelación, entonces no hay más que creer en ello, porque eso es lo que tiene la cosa del hilo directo.

Ahora comprendo mejor lo difícil que está resultando luchar contra la LOMCE, y la resistencia de quien la ha propuesto a escuchar el clamor contra ella por parte del profesorado, de las familias, de académicos, científicos, artistas e intelectuales. Por razones obvias: el sistema educativo que propone esta reforma sin duda le ha sido revelado al señor ministro, ya que contradice la mayor parte de los conocimientos científicos hoy disponibles sobre educación, en primer lugar, y sobre desarrollo personal, social y hasta económico a largo plazo en segundo lugar. 

No hay manera de comprender cuál es el basamento psicológico de la supresión de las Artes o la Historia; ni la corriente sociológica que aconseja la segregación temprana; ni la tendencia pedagógica que defiende que se aprende mejor a base de exámenes; ni siquiera la escuela económica que pretende obtener mejor capacidad competitiva invirtiendo menos en educación.

Claro está, eso de la revelación no rige para todos. Si no se es creyente de esa fe, sí puede uno situarse en la oposición. Puede seguir exigiéndolo: hay que pararla.