jueves, 11 de octubre de 2012

Ideología, naturalmente

Publicado en Escuela el 4 de octubre de 2012


Estoy sorprendido por el empeño que se está poniendo en tachar de ideológica a la LOMCE, y más sorprendido aún, perplejo casi, por la tenaz defensa del ministro, que insiste en que de ninguna manera lo es. 

Me asombra que pueda discutirse que el modelo de sistema educativo responde siempre a parámetros ideológicos. Como debe ser, ya que se trata de un posicionamiento activo respecto de cuestiones de índole social, política y económica que afectan a todos. Que Wert insista en que no se trata de ideología sólo puede interpretarse como un intento de presentar la reforma como un ajuste técnico necesario, lo cual es un argumento conveniente para esa parte de la población que se complace en creerse desideologizada. Por abordar de momento sólo uno de los aspectos de la propuesta, lo que se dirime con las resucitadas reválidas no es un mero asunto técnico, porque una ley de educación ha de reflejar la aspiración a redistribuir el capital cultural de las familias facilitando la promoción social o, por el contrario, a mantenerlo y reforzarlo en clases diferenciadas. Sociales, claro. 

Las reválidas no buscan precisamente mejorar los resultados de los estudiantes, sino excluir pronto a quienes más lo necesitan. Orientar el sistema educativo exclusivamente a la preparación laboral de los jóvenes para competir en el mercado tiene apariencia de propuesta razonable y neutra, pero encubre la ideología de quienes desean seleccionar a unos pocos a costa de condenar a muchos a vías de segunda, responsabilizándoles a ellos y a sus familias de su rendimiento olvidando la relación que existe entre el éxito académico y el nivel sociocultural de partida. 

Un auténtico interés por la formación para el trabajo no ignoraría la necesidad de innovar e investigar como parte imprescindible de las capacidades profesionales. Y el peso de la permanente evaluación dirigida a comprobar resultados va a marcar seriamente las posibilidades de innovar y experimentar, el único modo de dejar atrás el modelo educativo trasnochado que padecemos y convertirlo en el que parece que todos reclamamos, aunque desde posiciones distintas. Ideológicas, naturalmente.